LAS ENSEÑANZAS DEL ESPÍRITU SANTO

by Santiago Botero S.

El 28 de diciembre pasado escribí en mi muro de Facebook: “¿Será el Espíritu Santo el que les dice tantas güevonadas (que deben ser machistas, homófobos, pedófilos y todas esas cosas)? (A propósito de Corsi y Ratzinger)”. Inmediatamente después de hacerlo un amigo me etiquetó en una fotografía que decía que antes de publicar algo en las redes sociales pensara si lo que escribía podía resultar ofensivo para otras personas (no escribo textualmente porque no aparece en mi muro). Si bien no quise responder a su comentario, que inicialmente me pareció justo, reflexioné sobre aquella publicación: podemos convenir que las manifestaciones machistas de Corsi y las pedófilas de otros sacerdotes de la Iglesia Católica se deben a simples errores humanos, pues quienes las han planteado, aunque sean sacerdotes, son seres humanos que están sometidos a la falibilidad que nos caracteriza y que exige de nosotros una actitud humilde y abierta al mundo; sin embargo, como católico que es él, debe aceptar como dogma que, desde mediados del siglo XIX, el papa es infalible y, por lo tanto, él no podrá convenir conmigo en la hipótesis del error que le atribuiríamos sin problema al primero.

La infalibilidad del Papa nos deja, entonces, dos alternativas: es un ser humano extraordinario no sujeto a la falibilidad que nos caracteriza al resto o recibe los mensajes que transmite desde una fuente externa de sabiduría. La primera alternativa cae por su propio peso puesto que no sería concebible que una persona sea susceptible de errar hasta un tiempo equis (hasta que recibe su investidura papal) y luego cambie esta condición. Luego, la segunda alternativa para ser más razonable; entiendo que en la tradición católica la fuente externa de sabiduría es el Espíritu Santo, por lo que, asumo, éste ha de ser quien transmite sus mensajes al Papa para que él nos los transmita a los demás (aunque no conozco mucho del asunto y habría que preguntar a un teólogo –o al mismo Papa- para que nos aclare esta cuestión). Es decir: podemos convenir que el machismo y la pedofilia son errores humanos en el seno del catolicismo pero que la homofobia es una enseñanza directa del Espíritu Santo (u otra fuente externa de sabiduría).

Sin embargo, dado que ya no comparto el dogma de la fe católica, nada me impide analizar con sentido crítico cuál es la calidad lógica de las enseñanzas de esa fuente externa de sabiduría: sinceramente me parecen deleznables sus posiciones con respecto a este asunto en particular, aunque una crítica de la homofobia ameritaría otra reflexión.

About these ads